contingente
el contenedor no contiene, y ni siquiera sabe que existe un continente, va y viene y hace con su basura lo que puede
muelle: salto y relatividad
o mejor todas esas acepciones no sexuales que hacen referencia al viaje, al agua de mar, más que viaje viraje, más que abismal abisal, aunque la S no marque el lugar, aunque la X brille por su ausencia, aunque el despeje sea un término del balompié, aquí agrada la idea de pertenecer
capitulando
mi viaje en globo, mi horror de fondo, mi carrera de obstáculos, mi pozo angosto, la aliteración como despecho y no saber qué hacer con el escaso tiempo que me permite el devenir inconcluso del que hablan los corpúsculos
enseñar o enseñarse
señalar la mejor frase. apuntar. todo eso no me sale. lo único que sé es sintetizar y, a veces, mal
metro
tropecientos adolescentes, maletas viajeras, personas que arrastran, hombres gallegos que estampan su mochila en mi esternón, y ahí estaba yo, diciendo: oiga, por favor..
diéresis y dislexia
he estado pensando en el rodeo, un poco Umweg pero también esas cuerdas que usan los hombres cuando son cowboys, en las películas. señal de que debo releer la retirada de la metáfora derridiana. qué contrariedad. con lo tranquilo que se está sin filósofos franceses, y sin poetas malditos, sin columnistas que mañana siempre vuelven y sin el deseo constante de poner siempre un lenguaje del revés
escritura elemental
los papeles de la verdad, para los que hay que pelear, me quitan una mano mientras me sientan en una silla y se despliegan los casos ante mí. no quiero estar en esa silla ni tampoco en la otra, ni todo este tiempo para mirar a los demás
reverberaciones
está la ficción unas 12 horas en mi televisión inexistente, mis dos pantallas carentes de tubos catódicos pero constantes. aquí ni analógico ni digital; papel y boli. es en la duermevela cuando creo personajes. les doy forma y paisaje. sujeto bien las lentes. y me duermo antes de que llegue alguien
grave
hay un tipo de paso hacia adelante que es en realidad un paso hacia atrás. pero no se convierte en, sino que se da a la vez
se sabe
que se necesita ventilación constante, y un poco de sol y que me han regalado una planta hoy
malato di logorrea
contar los pasos en falso antes de dar el salto, o recordar que 'ni un paso atrás, ni para coger impulso'. acudo al diccionario transalpino para solucionarlo, salire significa subir, eso aclara algo, pero no sugiere nada sobre la composición de los gestos, el entre-acto, el prolegómeno mental. hay alpinistas y andinistas, pero no parece estipulada con propiedad mi capacidad para llegar a algo
si pathos es sine qua non
por qué mi acercamiento al extremo opuesto, como si se me pudiera contagiar algo
no sé discernir tristezas
no las reconozco por la forma, no sé separarlas unas de otras, no quiero ponerles nombre, no vayan a decidir quedarse siempre cerca. no sé si son hermanas, si se quieren o se odian, no sé contrastar sus aristas, me gustaría hacerlas chocar unas con otras, o que fueran todas una sola, que se entretuvieran por horas, que me avisen de lo que necesitan, que se pongan nombre, que me digan su origen, o que se callen todas
en ocasiones se ve todo claro en los azulejos
después de haberse duchado. creo que es por el microclima que se genera en los baños
escuadra y cartabón
aquella otra cosa que se llamaba transportador. del compás, sólo la forma de goma en donde lo ubicábamos.
recorridos
palabra destierro, ostracismo numérico, sitúese en la lista, haga malabares, 1, 2, 3, 33, repita, simule, recorte y coloree, recomiende y diga. hable siempre. si le dan la oportunidad, no desdeñe el micrófono, si puede pídalo, agárrese fuerte que la montaña tiene boca. pero ella nunca es la que se ahoga
mis personalidades dominantes son extremos
aguantar el tirón es lo que más me cuesta. ahora que ya no soy vasca juego a la sokatira
la no-coma de oscar wilde
lo del n-1 deleuziano y lo de las tres enes de la nueva novela nieve inexistente y lo de las tres emes, y lo de las ues como emes, o ser vocal y necesitar consonantes. el prospecto no dice nada de esto. y a veces la tecla no marca la tilde; se trata de la escena ardua de la batalla
grifería
abrir y cerrar ventanas es una constante, aunque metafórica. derrida no alcanza a retirarla. quizá no lo leímos demasiado. quizá con lo que leímos nos da. pero nunca entera la tarjeta postal
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