sensibilidad suspendida

(razón: allá)



vivo en el barrio chino

y por alguna razón que desconozco la fruta la compro en la tienda de la señora de ecuador. la señora me cuenta que su hijo mayor se ha separado. que la mujer de él le pone demasiado pronto problemas para ver al niño. la señora me dice que volvió a ver al hombre con el que se veía, pero que no le gusta, que ésas no son maneras. me suele cobrar lo que compro uno de sus tres hijos, no tiene más de quince años, seguro. le gusta escuchar salsa, o algo parecido. incluso baila. a veces yo le digo: quiero un aguacate, uno que me pueda comer ahora mismo. y él lo elige por mí. otras veces me regala dos tomates, dice que va bien hacerse una ensalada con ellos, así con el aguacate. también anda por ahí un señor que es bizco. no sé si es hermano, tío o recogido. recuerdo que en nochevieja tenían una fiesta en la tienda. supongo que todo es más caro en esa tienda que en cualquier otro lugar, pero es la que tengo cerca. aún más cerca está la tienda de la alta señorita china con acento inmaculado. habla español. hoy le vi leyendo prensa china. me permití el lujo de tocar el papel de ese periódico. creo que quería saber si por alguna razón era distinto al que conozco. me dijo que había alcanzado la asombrosa suma de 100 euros en su tienda. 100 euros en ocho meses, y me regaló una botella de aceite de oliva. eso me tocó. y luego pasé por el restaurante coreano. porque quería comer fideos. porque a las seis de la tarde ahí no hay nadie. sólo la señora menuda y sonriente con su camiseta amarilla y su mandil verde. y su sonrisa y su silencio. hoy veía gimnasia rítmica. por primera vez me dijo algo por propia iniciativa, fue: ella es coreana. la gimnasta. era una chica guapísima y al parecer, según esa magnífica voz que siempre acompaña las retransmisiones de gimnasia y patinaje en este país, era la mejor. yo también me siento mejor después de haber visitado otros mundos durante un rato