sensibilidad suspendida

(razón: allá)



rebetario

pues yo pongo mantequilla, dejo que se deshaga, luego echo cebollita picada, dejo que se dore, después pongo harina y revuelvo, luego echo leche de a poquitos y revuelvo.. y eso ya es bechamel. hay que tener el fuego bajo y revolver continuamente. y luego hay que parar de revolver y dejar que la bechamel respire, digamos, que haga blu blu, no sé, ¿lo visualizas? luego ya le pones lo que le quieras poner, no sé, carne, pollo, huevo o zanahoria. lo extiendes en una fuente preferiblemente plana, dejas que se enfríe y luego a hacer formitas. algunas personas hacen las formas con cuchara. o con dos cucharas. yo uso una cuchara y las manos. el tema del tamaño tiene muchas posibilidades, creo. luego huevo, pan rallado y sartén, con aceite bien caliente. ah y en la bechamel nuez moscada.

3 comentarios:

Sra. Berberecha dijo...

Me encantan las croquetas

u minúscula dijo...

:D

Caín dijo...

La electricidad te hace llorar lágrimas
eléctricas.
La luna no puede perdonarte
brilla en el sueño
como una herida abierta
la luna
la luna del sueño
se
vierte
vierte sobre tu cuello
tu cuello largo
tu cuello
largo como expirar
sepultado de alquitrán
hasta la mejilla del cielo.
Y en la mirada
en tierra
los ojos
los ojos rotos
los ojos rotos de occidente iluminan
la superficie nocturna
de ese ajado cuero limón,
piel pusilánime por que derrama
como la promesa de una fuente
que no puede cesar lamentándose
litros rojos de fiebre espesa,
cascada enorme de litros
encarnados, litros escarlata
en precipitación
sin cesar
litros rojos fluyentes como un manantial
de catástrofe,
empapando a su paso bermejo el manto de paño
que la vieja depositó entonces,
sobre la llanura yerma de las eras, aquel
cedazo oleoso añil, de brillantes luces cobre.
Y en la batalla
dos legiones de hombres libres
no cesan en combate
a bayoneta
sobre las dunas moradas
de tu boca
alborotando olas
de polvo almizclado,
palabras largas sin vocales
atraviesan los tímpanos,
esporas con garfios de porcelana
recogen a los vencidos,
tu espíritu huele a estiercol.
Y en la colina
sopla poniente
espigas doradas contra tu pecho,
sobre el paisaje vitral
marrón-violáceo
de un mar de carne fría,
mar retorcido y salvaje
por alcanzar el horizonte,
mientras lejana
en el rumor ocre de la marea plástica
crece una pieza musical,
venciendo la línea vertical de espuma
elástica
entre las ramas de la voz femenina,
un coro de voces tenores reclama,
-¡Sumérgete, vida mía...!